Aquella noche [quemó y abrasó] escondió [el ama] el padre [cuantos
libros] cuantas Wii, Nintendos y Plays Station había en [el corral y]
en toda la casa, y tales debieron de [arder] desaparecer que merecían
guardarse en perpetuos archivos; [mas no lo permitió su suerte y la pereza
del escrutiñador], y, aunque no todos los niños estaban enviciados, así se
cumplió el refrán en ellos de que pagan a las veces justos por pecadores.
Uno de los remedios que [el cura y el barbero] los padres dieron por
entonces para el mal de [su amigo] sus hijos fue que les [murasen
y tapiasen] cerrasen en un armario bajo llave [el aposento de los
libros] el televisor, porque cuando se levantasen no lo hallasen—quizá
quitando la causa cesaría el efeto—, y que dijesen que [un encantador]
Iron man se [los] había llevado los juegos, [y el aposento] y el
televisor y todo; y así fue hecho con mucha presteza. De allí a dos días, se
levantó [don Quijote] uno de los hijos más abducidos por la pantalla, y
lo primero que hizo fue ir a [ver sus libros] jugar con las maquinitas;
y como no hallaba [el aposento] el televisor donde le había dejado,
andaba de una en otra parte buscándole. Llegaban adonde solía [tener la
puerta] estar, y tentaba el mueble con las manos, y volvía y revolvía los
ojos por todo, sin decir palabra; pero al cabo de una buena pieza preguntó a [su
ama] su madre que hacia qué parte estaba [el aposento de sus libros]
el televisor, los juegos, la consola y toda la pesca. [El ama] La madre,
que ya estaba bien advertida de lo que había de responder, le dijo:
—¿Qué [aposento] tele o qué [nada] puñetas buscas [vuestra
merced]? Ya no hay [aposento ni libros] jueguecitos con los que
perder el tiempo en esta casa, porque todo se lo llevó el mesmo diablo.
—No era diablo —replicó [la sobrina] el padre—, sino [un
encantador] Iron man que vino sobre una nube una noche, después del día que
[vuestra merced] de aquí [se partió] te fuiste al cole, y, apeándose
de [una sierpe] una moto voladora en que venía montado, entró en el
aposento, y no sé lo que se hizo dentro, que a cabo de [poca pieza] poco
rato salió volando por el tejado y dejó la casa llena de humo; y cuando
acordamos a mirar lo que dejaba hecho, no vimos [libro ni aposento alguno]
ni uno de esos p… juegos vuestros: solo se nos acuerda muy bien a mí y [al
ama] tu madre que al tiempo del partirse aquel [mal viejo] súper héroe
dijo en altas voces que por enemistad secreta que tenía al dueño de [aquellos
libros y aposento] aquellos juegos dejaba hecho el daño en aquella casa que
después se vería. Dijo también que se llamaba [«el sabio Muñatón»] el
sabio Monjamón.
—[«Frestón»] «Pokemón» diría —dijo [don Quijote] el niño.
—No sé respondió [el ama] la madre— si se llamaba [«Frestón»] «Pokemón» o [«Fritón»] «Pokomón»; sólo sé que acababa en -ón el nombre.
—No sé respondió [