Estoy jugando al ajedrez con la Señora Muerte a la orilla del mar. Hemos cambiado las reglas. Cada vez que Ella o yo tocamos una pieza del contrario, la arrojamos tranquilamente al océano. Al cabo de cinco minutos quedan sólo su Rey y el mío.
-Oiga, le pregunto.- Cuando ya no queden piezas, ¿qué hacemos? ¿Tiramos el tablero?
La Muerte abre muchísimo la boca y me sonríe. Pero no sé por qué, sospecho que Ella piensa en tirar otra cosa.