miércoles, 16 de mayo de 2012

Cenas políticas

Aquella cena con el intelectual nacionalista que defendía sin posibilidad de réplica la ley de memoria histórica, el derecho a la autodeterminación, la transferencia de todas las competencias posibles y hasta la inteligencia superior de Zapatero.
-Pero conste que yo no estoy en contra de la idea de España. España es un buen invento.
Y, glup, de inmediato vació la copa rebosante de vino, como para olvidar lo último que acababa de decir.

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O aquella otra cena con el amigo de la izquierda radical, cultísimo hijo de buenísima familia que tenía entonces la novia en Barcelona. Qué gran defensor de la diversidad y de la tolerancia cuando hablamos de la guerra civil española, que a él le afectaba mucho, porque es extranjero pero vive en España desde hace veinte años. Pero qué raro cuando le dije que era una pena cómo se castigaba al castellano en Cataluña.
-¿Y por qué sería una pena? ¿eh? ¿Por qué sería una pena?


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Y la cena con amigos del PP que, en octubre de 2011, ya estaban pensando qué iba a hacer el futuro gobierno cuando resolviera la crisis.

lunes, 14 de mayo de 2012

La literatura o la vida

En las clases del Civican estamos con los escritores de la época soviética: Bábel, Ajmátova, Pasternak, Mandelstam, Bulgákov. El martes hablé algo de éste último y de El maestro y margarita, una historia delirante en la que el diablo y sus secuaces bajan al Moscú de los años treinta y se dedican a hacer toda clase de gamberradas a costa de los dirigentes soviéticos. Escrita en la época de Stalin, estuvo prohibidísima hasta la época de Gorbachov. Me cuenta una colega rusa que El maestro y Margarita la trajo en una versión clandestina su madre a mediados de los años ochenta. La leyeron en dos días, porque había que devolverla cuanto antes, no fueran a pillarlos con las manos en el libro. Con qué emoción se leería aquella novela admirada por su genio literario y su valentía moral. Qué importancia especial se le daría a cada página, devorada a toda prisa, recorrida con toda atención, como si de un texto sagrado se tratase. A veces pienso si la literatura, como algunas virtudes, no necesitará de presiones externas para desarrollarse y producir buenos frutos. Y al revés: si las sociedades inmaduras y opulentas no serán incapaces de tomarse en serio nada, incluso la literatura.
Otro tipo apasionante es Ossip Mandelstam. Condenado al ostracismo, lo mataron de forma misteriosa en un penal de Vladivostok. Tras la muerte de Stalin, sus poemas se recuperaron gracias a la buena memoria de su esposa, que los había llevado en la cabeza durante años por temor a que las autoridades le encontraran papeles de su difunto en un registro. A Mandelstam lo descubrí gracias a una espléndida traducción de Aquilino Duque. Uno de sus poemas mejores lo puse ya en el blog. Otro que me gusta mucho lo copio aquí:


Leer tan sólo libros infantiles,
y tener infantiles las ideas.
Todo lo grande dispersarlo lejos,
resurgir de lo hondo de la pena.

Mortalmente cansado de la vida,
no espero nada de ella,
pero amo la pobre tierra mía
porque otra nunca viera.

Yo me mecía en un jardín lejano,
en un simple columpio de madera,
y unos abetos altos, negros,
recuerdo en el delirio de la niebla.


lunes, 7 de mayo de 2012

Una satisfacción infinita

Al final de este curso, con todo ya resuelto, viene a hablar conmigo una alumna china.
-Quería decirte que tus clases, profesor, me han gustado mucho, que me han servido...
En su español pedregoso, a tropezones, me habla de los autores que vimos en estos meses: de Martí, de Antonio Machado o de Borges, que es uno de los autores que más admira. De pronto, me enseña la palma de su mano derecha. Debajo del dedo índice luce el signo matemático del inifinito.
-Esto es un ¿tatuaje?... se dice así, ¿no?. Me lo hice en Pamplona. Es por Borges... él me hizo pensar... eso, pensar. La gente, hoy, sólo piensa en lo que tiene delante, es todo físico, pero Borges, aunque estaba triste como el monstruo ese del laberinto... ¿cómo se dice?
-El minotauro..
-Sí, ése era como Borges, que buscaba el infinito, y yo creo eso, que hay que ir más allá, fuera del laberinto... Por eso me he puesto el infinito en la mano, para recordar, ¿ves?





Yo sí que no puedo recordar más, pero dejemos la rosa así, tal y como está. Para qué añadir. Que otros se enorgullezcan de los libros que han escrito; yo me enorgullezco de algunos alumnos que he tenido.

viernes, 4 de mayo de 2012

Cuento de horror

Me preguntas qué tenemos que ver tú y yo con todos esos monstruos que bailan a nuestro alrededor. Por qué no los vemos en los espejos. Por qué miran con la boca abierta. Por qué gritan. Por qué.
Me preguntas y te digo: no tengas miedo. Ven, acércate y mírame. Reclina tu cabeza en mi cuello. Yo ya no soy como tú.

miércoles, 2 de mayo de 2012

En el país de no me acuerdo

"Hay que ver con tus amigos argentinos", me decía uno con cara de guasa. Ahora que lo de Repsol se va enfriando en los medios de comunicación, va don Evo y expropia su poquito de electricidad. Todo este triste asunto, que ya iba olvidándose, parece que vuelve y, de momento, esto es lo que pienso:
1- Del lado de acá: A pesar de lo que diga el ministro Soria, un gesto de hostilidad a una multinacional española no es un ataque a España, sino a una multinacional española, que es algo que a lo mejor se le parece, pero no es lo mismo. A nuestros gobernantes se les veía hace dos semanas con cara de petróleo, y aquí se ve cuánto influyen sus actitudes en la gente: a los españolitos no se les levantó el tupé cuando Hugo Chávez expropió el Banco de Santander o la Cristina le quitó Aerolíneas a Marsans, tal vez porque Zapatero, con este tipo de jugadas, metía la cabeza en un agujero y se reía por lo bajini cuando pensaba en Díaz Ferrán. La semana pasada todos nos poníamos furiosos porque dos ministros salían con cara de pocos amigos a dar una rueda de prensa. ¿Quién se acordaba de las expropiaciones anteriores? Como cantaba María Elena Walsh:
En el país de no me acuerdo,
doy tres pasitos y me pierdo...
Por lo demás, el gobierno hace bien en defender los intereses de los accionistas españoles de Repsol (quién sabe cuántos de ellos, o amigos suyos, tendrán acciones allí), pero me pregunto cuánto margen de maniobra tiene. Después del sofocón inicial, viene la melancólica comprobación del papel de España en el mundo. Parece que los presuntos "aliados", Estados Unidos, México o la Unión Europea, ya no se sienten tan tristes por la suerte de Repsol, así que las sanciones económicas, de momento, van a concluir en que no se importarán alfajores ni dulce de leche, una verdadera catástrofe en mi casa, con lo que nos gustan.
2- Del lado de allá: El espectaculillo de Cristina F., viuda de K., y su corte de los milagros, es un despropósito que da una pésima imagen internacional del pais y terminará perjudicando económicamente a los argentinos. Qué curioso que ella fuera una de las artífices, hace trece años, de la venta de Repsol, o que hablara maravillas hasta hace unos meses de la empresa española. Ahora, necesitada de cash a toda costa y con un problema energético para el invierno, ha sacado la zarpa. La euforia, ay, de mucha gente en Argentina me recuerda otra vez a los versos de la genial María Elena Walsh...
3- Capítulo imprescindible: Quien privatizó y luego desprivatizó, buen privatizador será. En esto el peronismo ha sido históricamente experto. Pronto no será, porque sería un suicidio político, pero quién nos dice que dentro de un par de añitos, cuando se necesite crédito internacional, YPF vuelva a manos extranjeras con contratos y seguridades leoninas, para evitar que se repitan situaciones como ésta. A China le interesa (Repsol iba a vender el 56 % de sus acciones a una empresa china), Brasil ya está moviéndose y a Hillary Clinton le daba la risa cuando le preguntaban por el asunto de la expropiación. Y entretanto, el deterioro de las relaciones entre o Argentina y España perjudica a los dos países hermanos.

jueves, 26 de abril de 2012

El ímpetu cruel de mi destino

Tengo que despertar a uno de mis hijos mayores y me voy orientando en su habitación a oscuras hasta que subo de golpe la persiana para que entre la luz. Él empieza a proclamar con una voz muy rara:
-Grññmmrmmmgruñfxllltino.
-Pero, ¿qué está diciendo?
-Digo que mgrññfxlmrttimpetummmgrnñññxflxrrrtino.
-Tío, tú deliras.
Y me voy.
Por la tarde, vuelve de la universidad. Cuando le abro la puerta, me suelta por sorpresa:
-"El ímpetu cruel de mi destino,
¡cómo me arroja miserablemente
de tierra en tierra, de una en otra gente,
cerrando a mi quietud siempre el camino!"
-Pero, ¿qué dices?
-Eso, el poema que te estaba recitando cuando me despertaste por la mañana.
Y me lo dice así, tan fresco.

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Mientras tanto, en la cocina, su madre, la madre de todos, se enfrenta a los fallos en el examen de lengua de L. Ella sostiene nerviosísima el papel con las respuestas tachadas por el profesor. El chaval, primero de la Eso, la mira con la indiferencia de un Buda sentado.
-Pero, a ver, ¿qué es esto de que la Chanson de Roland está escrito en italiano?
-Puffff.
-A ver, atiende: La pregunta tenía tres posibles respuestas: a) italiano, b) francés, c) español. ¿Por qué dijiste que estaba escrito en italiano?
-Pufff...
-Pero, ¿por qué?
-¡¡¡Que sí, que sí, que ya sé que está escrita en español!!!!
Este hijo mío sí que nos va a sacar de pobres, en vez de perder el tiempo en tonterías.

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Y ahora el poema completo de Francisco de Aldana que tanto desvela a S. y que yo, culpable, le recomendé hace unos días:

El ímpetu cruel de mi destino,
¡cómo me arroja miserablemente
de tierra en tierra, de una en otra gente,
cerrando a mi quietud siempre el camino!

¡Oh, si tras tanto mal grave y contino,
roto su velo mísero y doliente,
el alma, con un vuelo diligente,
volviese a la región de donde vino!

Iríame por el cielo en compañía
del alma de algún caro y dulce amigo,
con quien hice común acá mi suerte;

¡oh, qué montón de cosas le diría!
¡Cuáles y cuántas, sin temer castigo
de fortuna, de amor, de tiempo y muerte!

miércoles, 18 de abril de 2012

501

Blogger me estaba avisando en estos días de que pronto iba a llegar a la entrada número 500. Como soy de carácter secundario y, por tanto, más bien lento a las reacciones, he preferido esperar a la siguiente para dar las gracias  a todos aquellos que me movieron a empezar. Me parece que la culpa la tuvieron dos amigos: Enrique García-Máiquez, que no hacía más que escribir entradas estupendas, y Ana Corina Dávalos, a quien también leía yo con asiduidad. El tono con que ella me dijo que su experiencia era buenísima terminó de decidirme.
Pero, al principio, yo seguía sin estar convencido de tener un blog. Por eso me resistía a contestar a los comentarios, creo que porque se trataba de una forma demasiado nueva de hacer literatura. Hay escritores admirables que llevan un blog, pero no terminan de pasar por las horcas caudinas de los comentarios. Ahí está Andrés Neuman, que ha suprimido directamente esa función, o Andrés Trapiello que no responde ni al gato. Los entiendo muy bien. Durante siglos la literatura ha sido una forma de comunicación sin feed back posible. El papel trae ese alivio: el de no tener que escuchar a tus lectores si has metido la pierna en donde no debías. Pero me temo que ese hablar solo delante de un lector invisible, que tanta tranquilidad produce, ya no es posible. A mí, salvo una o dos excepciones, los comentarios me han alentado o me han corregido, como el último -anónimo por más señas-, que me señala un error en un dato de ayer. Bendito sea. A este y a todos los que pasan o han pasado alguna vez por aquí, muchas gracias. No les invito a una copa de brandy por imperativos técnicos, pero les dejo la imagen de consuelo.

martes, 17 de abril de 2012

El rey caza desnudo

Hace tiempo, cuando a don Álvaro d'Ors le concedieron el premio Príncipe de Viana, el eminente jurista y sabio en tantas materias pronunció un discurso en la abadía de Leyre delante de Felipe de Borbón y otras compañías. Si no recuerdo mal, en aquella alocución, que glosaba ideas de santo Tomás de Aquino y san Josemaría Escrivá, se animaba al futuro rey a practicar las virtudes del gobernante en forma heroica, con aspiraciones de santidad en la vida cotidiana. Tal vez porque se sintió aludido, el príncipe se saltó suavemente el protocolo y en su turno replicó con ironía posmoderna que "él no aspiraba a tanto".
Hizo muy bien, sí señor. Como hijo modelo, Felipe sabía que tenía que seguir los consejos de su papá antes que los de un señor tan sabio y tan aburrido como don Álvaro d'Ors. ¿Por qué intentar vivir la perfección en lo privado y en lo público, si basta con parecer que lo estás haciendo? La casa real ha sido muy buena en mantener una ética de las formas y, si no, que se lo digan a los arrapiezos que se les han acercado últimamente. Urdangarín es un aficionadillo y por eso lo han pillado enseguida. Durante años se han rumoreado muchas cosas de la vida privada de nuestro monarca, pero, tate, nadie le pilló in flagranti. Ahí el rey, o sus asesores, han jugado sus cartas de maravilla. No se aspiraba a la excelencia, sino a la apariencia y, entre col y col, caía un elefante.
Lo malo es que, en tiempos de crisis, la gente mira a sus gobernantes esperando mucho de ellos. Ahora bien, si el justo, el que intenta de corazón mejorar su conducta, peca noventa y nueve veces al día, ¿cómo no va a meter la pata (o la cadera) el que sólo pretende parecer bueno?

lunes, 16 de abril de 2012

El intocable

Ayer nos fuimos a ver una película francesa, pero no una de esas en las que se ve crecer la hierba, como decía Woody Allen. En realidad, El intocable busca ganar rápidamente la complicidad del espectador a base de recursos sencillos pero eficaces. La historia, basada en hechos reales, sigue el modelo narrativo tipo Mary Poppins: el millonario tetrapléjico (François Cluzet) equivale a los niñitos mimados y Julie Andrews se transforma en un Oliver Sly en el papel de cachondo senegalés. La pareja funciona muy bien, siguiendo otro tópico hollywoodiense, algo así como el dúo de Billy Cristal y Robert de Niro; o, si nos ponemos literarios, Don Quijote y Sancho Panza. El asistente, un muchacho que viene de los barrios marginales de París, se va quijotizando en el contacto con el refinadísimo Philippe. Y éste, por supuesto, aprende a reacomodar su vida gracias a la vitalidad de su acompañante.
Me he reído mucho, como hacía tiempo que no me pasaba en el cine. Pero quizá lo mejor de la película sea que consigue dar un mensaje inteligente de optimismo sin caer en la moralina ni en los discursos sentimentales. Las primeras escenas, descacharrantes por absurdas, nos presentan a dos amigos que están dispuestos a disfrutar de la vida como unos chavales. Y ya está. Ni más ni menos. La verdad de los hechos se va imponiendo desde el principio.
Cuando encendieron las luces, la gente aplaudió.