jueves, 7 de noviembre de 2013

La falsa leyenda de San Virila

Según la piadosa leyenda de San Virila, el monje sube desde el monasterio de Leyre (Navarra) hasta una escarpada fuente, escondida entre los tilos y serbales de la sierra. Tras la caminata agotadora se sienta a escuchar bajo los árboles el dulce trinar de un pajarito. Extasiado por la belleza del momento, Virila ingresa en un trance tan profundo que acaba por quedarse dormido. Son cosas que pasan. Después el monje desciende hasta el monasterio, pero lo encuentra cambiado. Ya no están las mismas piedras: el estilo tosco del románico primitivo  ha cambiado a un gótico irreconocible. Llama a la puerta. Le abre un desconocido. Pronto acude toda una comitiva de frailes que rodean a Virila sin que éste entienda nada. ¿Dónde están sus antiguos compañeros, Sisebuto, Gundemaro, Ramiro? Entonces, uno de los religiosos, el que se dice abad, le pregunta por su nombre. Después se va corriendo a los archivos del monasterio y vuelve con unos librotes bajo el brazo. Según consta en los papelajos, Virila habría sido un fraile que vivió en el monasterio... trescientos años atrás. Esto había sido el tiempo prodigioso en que el santo se quedó en éxtasis mientras elevaba su alma a Dios a través del pajarito.
Sin embargo, esta leyenda es un cuento. Aparte de que se registran  milagros parecidos por toda la Europa medieval, hoy en día no se sostiene un milagro así. No hay quien se lo crea. Mucho más interesante es imaginar otra opción. Supongamos que Virila se quedó dormido durante trescientos años, que bajó a su monasterio y que no le llamaron la atención ni las piedras, porque no habían cambiado, ni los habitantes del monasterio, que seguían siendo los mismos. Fray Sisebuto, su mejor amigo, le estaba esperando inquieto porque Virila llevaba demasiado tiempo fuera y era peligroso en aquellos siglos pasar la noche a la intemperie. Fray Gundemaro tocó la campana para cenar y Fray Ramiro bendijo los alimentos. Todos comieron sopas de pan con tocino y se fueron a la cama después de haber rezado las Completas. Virila se durmió entre los ronquidos de la comunidad, bajo el techo del monasterio y las estrellas, que son portavoces del cielo.
Pues sí: habían pasado trescientos años, pero nadie se había dado cuenta. Nadie cambió. Ni Virila ni el resto de sus compañeros. El prodigio se hizo en medio de ellos sin que ninguno se diera cuenta. Así son los verdaderos milagros.

7 comentarios:

  1. Has reescrito una de las historietas de La bruja Mon, de Pilar Mateos, pero a lo místico. Je. (http://www.bienvenidosalafiesta.com/index.php?mod=Notas&acc=VerFicha&datId=00000002ND)

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  2. Leíste "El milagro secreto", de Borges?
    http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/borges/el_milagro_secreto.htm

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  3. Me encanta "El milagro secreto"... No está mal la intertextualidad de mi cuentito: de La bruja Mon a Borges.

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  4. Hay una anécdota de Brahms, quien como es sabido hacía algunas objeciones a la música de Wagner. Brahms habría asegurado que ésta tenía virtudes mágicas. Y lo explicaba así: uno llega allí, se instala, escucha durante cuatro horas, y luego mira el reloj, ¡y sólo ha pasado media! Ahora habría que preguntarse cómo sería una música capaz de dormirle a uno durante trescientos años, nada menos. Mejor no imaginarlo.

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  5. Pues hay un milagro muy reciente con un pajarito. Para más detalles, veáse una biografía actualizada de Nicolás Maduro. Eso sí, la pena es que al contemplar a Hugo el pajarito, no le viniese el efecto de los trescientos años de letargo. Gran favor que le habría hecho a Venezuela y al resto de Latinoamérica. Imagino que será porque lo único celestial en el pajarito era la forma de un animal que surca los cielos.

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    1. Más que un pajarito, ese es un pájaro, Ana Có.

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