Una semana en Italia. Siete días dan para mucho, incluso para no visitar el propio blog. En Roma volví a la Via Giulia, mi calle favorita. Allí todavía se puede pasear entre palacios barrocos, decadentes, silenciosos. Una frontera invisible separa la calle de los circuitos de turistas y peregrinos, enredados a pocos metros de allí. La Via Giulia es una dama aristocrática que mira con desdén a las masas interceptadas por los puestos de helados y las pizzerías del Campo dei Fiori.
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O tener la suerte de subir a una azotea frente a la Piazza Navona. El sol no me impidió mirarle los ojos a la cúpula de Santa Agnese.
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Y otra recomendación si se viaja allá hasta el 22 de junio: la maravillosa exposición sobre Lorenzo Lotto en el Quirinal (véase
aquí). Pintor espectacular que sólo conocía en cuadros sueltos. Maravillosa y rarísima Anunciación que parece haber sido pintada en el siglo XX, con la mano surrealista de Delvaux o de Balthus.. He leído que se trata de una visión "cotidiana" del milagro. Se quedan muy cortos. Nunca he visto, que yo recuerde, una Virgen con esos ojos alucinados y vuelta de espaldas al libro. ¿Y qué pinta ese gato huyendo, símbolo diabólico, en el centro mismo del cuadro?
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Roma: ciudad eterna, sí, y ciudad interminable.