viernes, 4 de diciembre de 2009

Rosalba Campra


Rosalba Campra compuso sus microrrelatos ("micronovelas" los llama ella) en los años setenta cuando todavía el género estaba por inventarse. En su país sólo tenía los antecentes ilustres de Julio Cortázar y Marco Denevi, únicos en atreverse como ella en escribir un libro entero de ficción mínima. El universo de Rosalba es tan exquisito como el de los dos autores mencionados y al mismo tiempo posee una voz propia, compuesta de magia, humor y una misteriosa sabiduría. Ahora Formas de la memoria, aquel libro que nunca pudo publicarse en su día por haberse adelantado a su tiempo, se presenta en Madrid el próximo día 18, en el Centro de Arte Moderno. Y yo estaré en la mesa junto a esta amiga, gran estudiosa de la literatura hispanoamericana y finísima escritora.Vayan aquí cuatro pequeñas muestras de su ingenio.

PROYECTO DE TRAMPA PARA RINOCERONTES Nº 2


Siendo el rinoceronte bestia huraña y desconfiada, es
menester disimular la trampa con esmero. Útil a tal fin resulta el uso de los espejos, dada la naturaleza narcisista e ilusoria del rinoceronte. Embelesado en su propia contemplación cae fácil presa de los siguientes tipos de trampa: albanega, añagaza, capillo, filopos, enza, lazo ciego, ratonera, saetón.
Con cualquiera de ellas se puede capturar sin esfuerzo al rinoceronte o, a falta de éste, a su reflejo.


AQUERENCIARSE

Como tenía miedo de ser arrastrado quién sabe a dónde, nos había pedido que lo enterráramos un poquito.
Nosotros tratábamos de convencerlo, de explicarle que también se puede vivir, ir a ver a los parientes, o amigos, moverse en fin, sin que por eso uno corra peligro de que se lo lleve el viento. Pero él no nos creía y se iba hundiendo cada vez más.
Al final le quedó afuera nada más que la cabeza, y desde allí nos miraba cuando el viento nos arrastró quién sabe a dónde.


ESPERA DE LA PRINCESA

A ese balcón era donde siempre estaba asomada la princesa cuando los pretendientes venían desde los cuatro portones del reino. Su padre el rey había prometido su mano a quien descifrara los símbolos de piedra que remataban el balcón. La princesa hubiera querido soplarle la solución a este vizconde, a ese sastre, pero ella tampoco la sabía.
La lluvia fue borrando los números cabalísticos, a la princesa los ojos se le volvieron aguados y se le cayeron los dientes. Ya no pasaban ni príncipes ni ropavejeros, y ella seguía en el balcón sin saber que el rey se había muerto y había sido proclamada la república.


LOS PIRATAS

Los piratas se levantan temprano, toman el desayuno con sus esposas, acompañan a sus hijos a la escuela y se encaminan hacia el puerto. Desde el muelle miran los barcos que bajo su mando ya han zarpado al asalto de los galeones españoles cargados del oro del Nuevo Mundo y de virreinas de ojos negros.
No se resignarán jamás, pero lo mismo vuelven a colgarse
de un ómnibus como todos los días y antes de que se haga tarde van a la oficina.


4 comentarios:

  1. Ese mismo día hablo yo sobre Sánchez Mejías en el Casino de la Exposición en Sevilla. Suerte y cuidado con los piratas.

    ResponderEliminar
  2. Pues igualmente: suerte y al toro, Aquilino.

    ResponderEliminar